Europa ha sido históricamente líder en industria e investigación, pero tras la crisis de 2008 perdió la oportunidad de capitalizar el auge digital, a diferencia de EE. UU. Silicon Valley destaca por su rapidez, capacidad de marketing y entorno favorable para la transferencia tecnológica, mientras que Europa ha tendido a proteger lo tradicional. Aunque el número de startups creadas en Europa es similar al de EE. UU., enfrentan mayores dificultades para escalar por falta de financiación. Se observa un cambio cultural hacia la búsqueda de talento y mercados transfronterizos. Ejemplos como I-Sci, O2 e IQM demuestran el potencial europeo en deep tech. La fragmentación regulatoria ha sido una barrera, pero la creación de un mercado digital único y regulaciones comunes están facilitando la expansión y la innovación. Europa debe continuar avanzando en integración de mercado y acceso a financiación para que sus startups compitan globalmente.
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